He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

domingo, 29 de abril de 2018

Breviario negro en Córdoba

Hoy traemos el texto de la presentación cordobesa de Breviario negro que realizó el poeta y narrador Antonio Luis Ginés. En la librería Luque, rodeado de buenos amigos como los escritores de la Asociación Cultural Mucho Cuento, Antonio Luis expuso una eficaz aproximación al universo narrativo de Ángel, centrándose en consideraciones sobre la imaginación, el lenguaje o la extrañeza. Aprovechamos para agradecer la cálida acogida que siempre ha brindado Córdoba a este autor y a sus textos. 



PRESENTACIÓN SOBRE BREVIARIO NEGRO 

Antonio Luis Ginés


Buenas tardes. Gracias por vuestra presencia. Gracias a la Librería Luque por acoger esta presentación dentro de Escaparate Andaluz, del Centro Andaluz de las Letras, y a la Asociación Cultural Mucho Cuento, de la que también formo parte, por colaborar para que hoy estuviera con nosotros Ángel Olgoso. 

Los relatos de este libro, además de ensoñaciones que entremezclan a dosis equilibradas lo lírico con lo terrorífico, también nos revelan una claridad misteriosa al fondo, puede que evocadora de cierto romanticismo, de esa suma de extrañeza y belleza que nos plantea. La creación nos muestra, en este caso, un modo de ver el mundo, buscando dar luz de lo que no sabemos o desconocemos en los rincones que quedan en sombra.

Antonio Luis Ginés


Ante todas las consideraciones que voy a comentar sobre este libro, quiero que no pierdan de vista que surge como respuesta desde la imaginación a alguna circunstancia de la realidad, a un desapego a esta última, un punto de rebeldía si se quiere pero siempre desde la creatividad, con la clarividencia de remover lo confuso para discernir lo oscuro de lo diáfano. Por ello se aprecia ese interés por el extrañamiento, el lado nocturno de la condición humana, esos territorios desconocidos en los que ahonda este autor a través de cada situación y cada personaje. 

La importancia del lenguaje en los textos de Ángel es bastante relevante. Si en otros autores representa un instrumento, un medio, quizás en su escritura alcanza otras cotas como para llegar en no pocas ocasiones a constituirse casi como un fin en si mismo. La adjetivación no es lastrante, no se concibe como un peso, una sobrecarga, sino que dota de un vigor especial a esta sintaxis, y va armando esa atmósfera de significado, de peso la escena, articulando un paisaje que va a determinar el desarrollo de la acción. Lo que quizás en otros puede resultar un lastre por no saberse manejar adecuadamente, en el este caso que nos ocupa es bien distinto, pero para ello hay que saber tensar la cuerda en el momento justo, antes que la intensidad pueda decaer y arrastrar el cuento hacia una profundidad tenebrosa que luego no permita rescatarlo de nuevo.

Con Antonio Luis Ginés y Alfonso Cost

Sin embargo dicho lenguaje está al servicio de un fin, el de contar, y hacerlo de una manera singular -preciosista, pulcra- tratando de atrapar siempre lo inaudito, lo que puede asombrarnos, aquello que nos inquieta, sobrepasando la realidad sobre todo en sus aspectos más burdos y superficiales, para prolongarla o deformarla, poniendo un poco a prueba nuestra capacidad de seguir a la voz hacia esas nuevas propuestas que se plantean. Así surge una reinterpretación continua de cada situación, y la expresividad, siempre dotada de una riqueza léxica y un buen flujo verbal. 

Pero la extrañeza, ¿cómo provocación o como reactivadora de otro proceso nuevo? La vida está repleta, a diario, de hechos que nos devuelven esa sensación, y el autor trata de que ese impacto sea aprovechado en pos de construir estas piezas desde la síntesis y la condensación, poniendo el foco también en los detalles. Con poco sugerir mucho. Y no renunciar nunca a esa aproximación hacia lo exacto, en busca de la belleza. Pero ojo, el autor aporta y mucho en este proceso. Desde la originalidad y variedad de temas y planteamientos, hasta la amplia gama de tramas que nos presenta, según la pieza. Todo eso hay que encajarlo, hay que saber encajarlo dentro de un mecanismo que ha de funcionar. 

Hay una conexión entre la acción y el papel del escenario en el que se produce ésta. También las descripciones nos presentan las imágenes sucediéndose como si una cámara disparase el flash una y otra vez, de forma continuada pero sin interferirse. Esa especie de sucesión se convierte en uno de los recursos preferidos de Ángel en este libro.

Entre el público, Francisco Javier Guerrero, Mª Teresa Morales Rodríguez, Ricardo Reques, etc.


La imaginación representa aquí todo un universo que el autor tiene más que estudiado. Un terreno en el que Olgoso se maneja no solo con soltura, sino también con destreza en esa prolongación hacia lo fantástico, a veces como proyección deformada de la realidad o como contraposición a la misma. Siempre tendiendo hacia lo misterioso, lo oscuro, hacia los demonios o seres de parecido calado (cuya presencia es vital en muchas de estas piezas) como si fuera un continuo invocador de esas sombras que acaban por poblar muchas de estas historias. Y ese lado oscuro es el que más juego da a Olgoso para lo que quiere contar, y como lo quiere contar. Ese camino hacia una atmósfera detallista, sobre la que se va tensando la acción –el nudo- y que suele ponernos sobre aviso de la inminencia de que algo va a pasar. 
También el humor –quizás en forma de ironía afilada- hace su aparición en algunas de estas piezas. Tal vez la llamativa sea ese cuento titulado El encuentro en el que amor no tiene límites, mucho menos en una imaginación tan densa y ocurrente como la de Ángel. 
Cuando José Mª Merino habla de dos tipos de cuentos en este libro, acierta de pleno en esa perspectiva de hacer dos grandes grupos: uno los cuentos propiamente dichos, y otro sin abandonar esta premisa, que se adentra en ese terreno de lo mítico pero que abogan por otro punto, digamos con un cierto aire poético. Ya en el anterior libro de Olgoso creo recordar que había piezas que se decantaban hacia ese tono ¿poético-nostálgico?, pero en este nuevo trabajo la apuesta es más contundente. Tengo cierta predilección por este tipo de cuentos en los que parece no pasar nada, aunque solo es una sensación que se instala en nosotros desde el principio, ojo, pasa pero a otra velocidad, con otra forma de recrearse, sin perder tensión la línea narrativa y eso puede apreciarse desde el primer cuento Cartografía, sigue con Nebulosa Rho Oph, El palacio de las imaginaciones, Las lluvias, etc, etc.


Antonio Luis y Ángel

No nos olvidemos que el eje de todas estas historias, pese a todo lo referido, es el género humano. Y este libro puede es distinto de los anteriores, un paso hacia adelante en el que se percibe que estos relatos exploran los límites del género y se mueven entre lo narrativo, lo poemático y lo filosófico; así el origen de esta escritura puede provenir de un aterrador presente; y, la fórmula podría resumirse en mostrar más lo que no se ve que lo que se ve (teoría del iceberg), lo intuitivo cobrando cuerpo, dotar a los textos de un fuerte contenido simbólico, potenciar la imaginación, en definitiva. 
Un libro no solo para pasarlo bien con esta prosa, para disfrutar, sino también para sentir el estímulo hacia lo creativo desde el ámbito global de cada una de estas historias, en las que la inquietud se nos va inoculando en vena, como un veneno que una vez probado, no podemos dejar de seguir tomando.



Con Rafael Mir Jordano

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