He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

domingo, 6 de mayo de 2018

El Club de Lectura de La Zubia y Los demonios del lugar

A propuesta de María José Pineda, el activo Club de Lectura de La Zubia tuvo a bien escoger  Los demonios del lugar entre las lecturas ofertadas por el Centro Andaluz de las Letras. El encuentro para comentar el libro estuvo moderado por Carlos de la Fé, escritor y buen amigo, y se realizó el miércoles 2 de mayo en la Biblioteca Miguel Hernández de La Zubia. Además de leer la obra, el Club invitó a su autor para exponer ante él sus impresiones de la misma. La tarde se desarrolló en un ambiente acogedor donde todos los miembros expresaron sus opiniones con absoluta sinceridad y confianza, y abordaron a Ángel con numerosas preguntas, curiosidad y entusiasmo en torno a un libro hermoso, versátil, sombrío y arriesgado en su temática, quizá de no fácil lectura pero lleno de emociones verdaderas, de coherencia y de un lenguaje deslumbrante, un libro que supera el tiempo y las modas.

Completamos la entrada con algunas fotografías del encuentro y con una reseña de Los demonios del lugar aparecida en el imprescindible blog Libros de Cíbola, que curiosamente recoge con exactitud, casi punto por punto, muchos de los comentarios de aquella tarde inolvidable en la Biblioteca de La Zubia. La reseña contiene también dos impactantes relatos breves de dicho libro.


ÁNGEL OLGOSO: 
LOS DEMONIOS DEL LUGAR 


Los demonios del lugar es uno de los volúmenes de cuentos más redondos y perfectos de Ángel Olgoso, lo cual es decir de antemano que nos encontramos con uno de los mejores libros de cuentos (de cualquier género) de los últimos años. Se trata de una colección de 49 relatos de variada extensión, que en general presentan una situación dominada por el horror o el misterio, o por el desarrollo de un hecho fantástico o extraño. Olgoso se mueve como pez en el agua dentro de la tradición del “romanticismo negro”, el que con su lirismo visionario refuerza las sensaciones más intensas. Un semillero de delirios y visiones alucinadas, piezas todas surgidas de las sombras de la imaginación, historias insólitas e inquietantes, misteriosas y extravagantes, lúgubres y crueles, pero también irónicas y grotescas, con finales siempre sorprendentes e inesperados, y con una prodigiosa versatilidad capaz de transportar al lector a distintos escenarios geográficos y temporales. La presencia de grandes maestros como Borges, Kafka, Schwob, Buzzati o Cortázar es manifiesta en los ambientes y en su estilo exacto y pulido.


“De él [Los demonios del lugar] se puede decir eso de que me volqué en cuerpo y alma y que puse toda la carne en el asador. No ha sido en absoluto un libro gratuito, ni escrito por capricho, sino la respuesta a una serie de experiencias vitales negativas. Más aún, ha constituido un auténtico descenso a los abismos, a una especie de infierno concéntrico. Y es que quizá más que relatos, sean visiones, y más que historias extrañas y sorprendentes, revelaciones que lleven al lector a cuestionarse las bases de la realidad o de su propia conciencia.” Ángel Olgoso


Como en todos los libros de Olgoso, la variedad de registros es asombrosa: microrrelatos que nos introducen el horror como un fogonazo, la leyenda tradicional (Arponeando sueños), el cuento de influencia kafkiana (La velada, La primera muerte de Kafka), el relato japonés (Las manos de Akiburo), leyenda indostaní (Vínculos)… Muchos de los relatos, de estructura más clásica, no dudo en calificarlos de cuentos fantástico perfectos (Las manos de Akiburo, Los palafitos, Naglfar, Gabinete de maravillas, Lucernario). La recopilación presenta, según es norma en el autor, una coherencia absoluta debido a la materia común de todos ellos, como es la presencia de la muerte, lo monstruoso, el paso del tiempo, lo onírico y lo ominoso; y todo ello empleando un estilo literario barroco y una exuberancia y riqueza verbal inimitable, difícil de encontrar en otros autores contemporáneos.


En definitiva, Los demonios del lugar es un título capital para los seguidores de Olgoso y para los amantes del cuento fantástico y de horror. Un libro de cuentos inolvidable, que volveré a leer muchas veces. TOTALMENTE RECOMENDABLE. 

Puntuación: 5 (de 5)



VIAJE (Página 9) 

Llego a la estación. No hay nadie. Voy a emprender, pese a mis pocos años, un viaje largo y colmado de expectativas. Espero de pie en el andén con la impaciencia propia de alguien joven y enérgico. El tren, que ha aparecido de pronto a toda velocidad, sin trepidación de rieles ni chirrido de ruedas, se detiene por completo a mi lado, disimulando su prisa a la perfección. Cuando intento levantar la maleta, esta se ha vuelto pesada en extremo. Noto con estupor que no me acompañan las fuerzas, que mi ímpetu decrece. Comienza a llover. Hace frío. Me dirijo hacia los peldaños de metal dificultosamente y, sobre todo, con una inconsolable sensación de haber olvidado algo o de haber dejado atrás a alguien que no recuerdo. Mis manos ateridas logran empujar la maleta hasta el piso del coche cama. Encorvado, la arrastro luego por el pasillo mientras jadeo y oigo crujir los huesos. Una lucecita borrosa, al fondo, me permite tener un atisbo del estrecho y oscuro compartimento, el que suele asignarse a los pasajeros más viejos. A duras penas abro la puerta corredera y abandono mi maleta, como una carga inútil, al pie del portaequipajes. Me tiendo por fin en la litera, extenuado, vencido, buscando ese aire que reclaman con la boca abierta los moribundos. El tren parte en la noche y me lleva consigo.


EL ESPANTO (Página 65) 


Acodado en una mesita exterior del café Madagascar, sorbo el contenido de mi taza y contemplo a los transeúntes, estudiándolos como quien pesca con chispa y mosca ahogada. El aire remolca muy despacio las nubes. Me fijo en un hombre agradable con sombrero y maletín que lleva de la mano a una niña de no más de seis años, tironeando un poco de su bracito, lo suficiente como para impedir que avance con naturalidad. Parece asustada. El contacto de aquellas dos manos desparejas no es el idóneo, ni responde a la bendición del amor, remite por el contrario a la vorágine de peligros que se extiende más allá de uno mismo. Esos detalles triviales me sobrecogen. Y su efecto hace que, de pronto, tenga del hombre la percepción —repugnante en el más genuino sentido de la palabra— de algo como una langosta, una más entre las langostas de una plaga que bulle sobre un mar de sangre negra. Los observo mientras se alejan: la niña con pasitos descompasados y él emitiendo sonidos de masticación. Finalmente, ambos se pierden entre los huevos de oscuridad que están siendo incubados bajo los farallones de nuestros edificios. 


1 comentario:

  1. Enhorabuena al club de lectura de la Zubia.
    Debieron pasar una magnifica e inolvidable tarde en compañía de tan ilustre escritor y agradable persona como es Angel Olgoso














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