He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica.

(Marina Tapia)

BIOGRAFÍA


Foto de Agustín Carmona

ÁNGEL OLGOSO. Cúllar Vega (Granada), 1961. Escritor y artista, miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada y de la Amateur Mendicant Society de estudios holmesianos, fundador y Rector del Institutum Pataphysicum Granatensis, y Auditeur del Collège de Pataphysique de París.


            El primer tercio de su vida transcurre en este pequeño pueblo situado entre la vega y el secano, a excepción de los tres cursos (1972-1975) que estudia interno en la Residencia La Salle de la capital. En la excelente biblioteca de aquel colegio aupado junto al Mirador de Rolando, descubre la belleza de las palabras y también el placer punzante de la escritura, sobre todo tras el deslumbramiento que supuso la lectura de La casa encendida de Luis Rosales y de los jubilosos versos de Jorge Guillén. Durante su estancia allí consigue, en 1974, su primer premio literario, convocado por la Federación Andaluza de Montañismo.

            Tras cinco años escribiendo únicamente poemas -con una clara influencia surrealista-, la revelación que suspuso en 1978 la Antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, orienta su vocación de manera definitiva. Estudia Filología Hispánica en la Universidad de Granada, carrera que se ve obligado a abandonar en último curso para hacerse cargo del negocio familiar. Comienza a escribir relatos brevísimos en una época en la que no aún no existía el género del microrrelato como tal, por lo que se le puede considerar un puente entre los autores que lo cultivaron la brevedad de forma valiente y magistral -aunque esporádica- hasta los años setenta (Gómez de la Serna, Max Aub, A. F. Molina, Alfonso Sastre, Pere Calders o Ferrer Lerín) y la legión que ha venido después.

            Inaugurando una pauta que se repetirá en el futuro con varias de sus obras, consigue publicar  su primer libro, Los días subterráneos (1991), gracias a un premio literario, el Bécquer convocado por la Dirección General de la Juventud de la Junta de Andalucía. En los relatos que componen este volumen se encuentran ya la mayor parte de los rasgos que caracterizarán su producción posterior: el derroche imaginativo, la versatilidad que le permite situar las historias en cualquier época o lugar, la destreza de miniaturista o de orfebre para condensar un mundo en pocas palabras, la riqueza del vocabulario, lo variado de los recursos y, conectándolo todo,  un humor negro, sorpresivo, y un marcado gusto -heredado quizá de sus ancestros gallegos- por lo fantástico, lo inquietante, lo tenebroso incluso.

            En 1994 obtiene el Premio de la Feria del Libro de Almería con La hélice entre los sargazos, reunión de 22 historias heterogéneas que recrean hechos asombrosos, misterios y azares; y, en 1999, el Premio Caja España de Libros de Cuentos (cuyo jurado estuvo presidido por el poeta Antonio Gamoneda) con Cuentos de otro mundo, colección de 89 relatos breves instalados en lo irreal, entre el sueño y la pesadilla, y dividida en tres secciones: Mundo murciélago, Nuevos cuentos del Folio Club y Cuentos alrededor de una mesita de té en el vientre de una ballena. Ese mismo año publica además Nubes de piedra, reunión de sus primeros relatos, y Granada, año 2039 y otros relatos, antología de sus primeros veinte años de cultivo del relato breve. Como expuso Justo Navarro en la presentación pública de este libro, “Ángel Olgoso tiene una capacidad verbal e imaginativa que es una excepción en la literatura que ahora mismo se hace en España. Cuando lees sus cuentos te dices: estoy ante un verdadero talento, y piensas que tienes que callar y observar el prodigio de la verdadera literatura”.

            Continúa recibiendo premios hasta sumar más de treinta -entre otros el Gruta de las Maravillas de la Fundación Juan Ramón Jiménez o el Clarín de relatos convocado por la Asociación de Escritores y Artistas Españoles- y su obra empieza poco a poco a ser conocida. Escritor casi secreto durante muchos años, independiente y al margen de las modas, sus singulares relatos -fruto de su extraña percepción de una realidad aún más extraña- son incluidos ahora en las más prestigiosas antologías del género: Pequeñas resistencias. Antología del nuevo cuento español (Páginas de Espuma), Grandes minicuentos fantásticos (Alfaguara), Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera (Montesinos), Mil y un cuentos de una línea (Thule), Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual (Salto de Página), Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma), Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (Menoscuarto), Cincuenta cuentos breves: una antología comentada (Cátedra), Más por menos. Antología de microrrelatos hispánicos actuales (Sial), Antología del microrrelato español. 1906-2011 (Cátedra) o Cuento español actual 1992-2012 (Cátedra).

            A pesar de tratarse de un autor de ejecución lenta, su producción sobrepasa el medio millar de relatos. Pero es sin duda Los demonios del lugar (2007) el libro que mayor reconocimiento le proporciona. Además de obtener el Primer Premio Internacional de Literatura de Terror Villa de Maracena, resultó finalista del XIV Premio Andalucía de la Crítica y fue nombrado -mediante votación- Libro del Año 2007 por las revistas La Clave y Literaturas.com. Considerada una obra maestra del relato contemporáneo en español, el crítico José Luis García Martín se refirió a Los demonios del lugar como una “fiesta de la literatura”, y para el escritor y especialista Miguel Ángel Muñoz se trata de “uno de los mejores libros de relatos que he tenido la fortuna de leer, en cualquier lengua, en los últimos años”. A continuación aparecieron Astrolabio (2007 y 2013), un pequeño caleidoscopio de relatos formado por miniaturas desaforadas o fulminantes, por rarezas milimétricas repujadas sobre distintas texturas y registros; La máquina de languidecer (2009), una colección de cien microrrelatos, concentrados y adictivos, cuyo cauce formal está recorrido por el motivo del cuerpo humano; Los líquenes del sueño. Relatos 1980-1995 (2010), donde reúne, en un solo volumen, la primera mitad de sus tres décadas de cultivo del relato breve; Cuando fui jaguar (2011), bestiario en edición artesanal y numerada de J. J. Beeme; Racconti abissali, una selección de textos breves traducidos al italiano por Paolo Remorini; Las frutas de la luna (2013), veinte relatos que el autor considera su modesta cima literaria y que reflejan la extrañeza ante lo cósmico, el desconcierto ontológico de la especie, un libro -en palabras de José María Merino- “fuera de lo común en todos los sentidos”; Almanaque de asombros (2013), librito escrito e ilustrado a la usanza de los libros del siglo XVI; y Breviario negro, una cuarentena de piezas que buscan la resonancia sombría entre lo narrativo, lo poemático y lo filosófico, entre lo ominoso, lo onírico y terrorífico.

            Las narraciones de Ángel Olgoso -que lo han consolidado como un verdadero maestro del relato, como un continuador al tiempo que renovador de la mejor tradición del género- invocan una literatura de imaginación, de torsión de lo real, giran esencialmente en torno al extrañamiento y son piezas concentradas, cinceladas, donde la belleza de ese lenguaje depurado armoniza de forma hipnótica con mundos desconocidos o imposibles, con situaciones insólitas e inquietantes, con elementos visionarios, oníricos o simbólicos, con un cosmos sombrío pero cargado de maravillas.

            Junto a su intensa y prolífica dedicación al relato, Ángel Olgoso ha trabajado asimismo otros campos literarios o artísticos: el haiku en su libro Ukigumo, escrito en 1992 y publicado en edición hispanoitaliana en 2014; y el collage fantástico a partir de grabados decimonónicos, al estilo de Max Ernst, un centenar de piezas publicadas primorosamente en el libro-objeto Nocturnario, proyecto colectivo en el que cien escritores españoles e hispanoamericanos ilustraron con textos inéditos aquellas imágenes oníricas y totalmente artesanales. Mención aparte merece su antiguo interés por la Ciencia de las Soluciones Imaginarias creada por Alfred Jarry, la Patafísica. En enero de 2007, espoleado por el escritor Miguel Arnas, pronuncia la conferencia Aproximación imposible a la Patafísica y funda el Institutum Pataphysicum Granatensis, del cual es Rector y Proveedor-Propagador, y en cuyo seno ha otorgado el rango de Sátrapa Trascendente, entre otros muchos escritores y artistas, a José María Merino y Umberto Eco. Para esta Sociedad de Investigaciones Sabias e Inútiles ha elaborado los veintincinco números de Los Escarbadientes Espirales del I.P.G., donde se alternan números monográficos con florilegios patafísicos.

            Varios de sus libros de relatos cuentan con portadas exclusivas del artista argentino Santiago Caruso, creadores hermanados ambos en el simbolismo y en el romanticismo sombrío.

(Fuente consultada: Diccionario de autores granadinos de la Academia de Buenas Letras de Granada)

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